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dissabte, 12 de març del 2016

LA FUNDACIÓ DE LES COLÒNIES ROMANES

 


  

Les colònies eren assentaments de nova creació, resultat d’un acte fundacional realitzat per Roma sobre un determinat territori conquerit, essent la seva finalitat fonamental destinar-lo a ser conreats. Normalment eren el destí últim dels legionaris en acabar el seu període militar, i al mateix temps una de les formes més importants de romanització.

En principi els nous habitants d’una colònia tenien la ciutadania romana i gaudien dels mateixos drets que qualsevol ciutadà romà. En definitiva les colònies estaven configurades com una extensió de la mateixa Roma. Aquest era un dels trets diferencials dels municipis, que eren poblats preexistents, conquerits o assimilats per Roma i que d’inici no disposaven dels mateixos drets que les colònies.

Podem distingir tes tipus de colònies:

-      Coloniae civium romanorum, que es van crear per assegurar la dominació romana en punts estratègics.

-       Coloniae latinae, formada per habitants llatins.

-     Coloniae veteranorum, les habitades per soldats, a qui se’ls concedia terres com a recompensa.


La fundació d’una nova colònia seguia un procediment prèviament establer, i que conservava les antigues tradicions religioses.

La cerimònia s’iniciava amb la inauguratio, funció que realitzava l’àugur que consultava el presagi i establia el lloc, perquè a continuació els gromatici (agrimensors) fixessin l’orientació de la futura ciutat (orientatio), i s’iniciaven les tasques de delimitació, la limitatio, operació que tenia una doble finalitat, fixar els límits exteriors i realitzar les divisions interiors.


Amb la delimitació externa es fixava la frontera religiosa del territori urbà, i al seu interior no es podia enterrar els morts, ni podien penetrar els déus estrangers. La línia divisòria era el pomerium: un magistrat assenyalava el perímetre de la nova colònia que es feia traçant un solc amb una arada tirada per un toro i una vaca, i s’havia de fer en direcció esquerra a dreta (dextratio), aixecant-se l’arada per marcar les portes. 


Feta aquesta primera feina, els gromatici mesuraven el sòl i el dividien en línies paral·leles que es creuaven en angles rectes, formant els carrers i les illes, delimitan en primer lloc els dos grans eixos que defineixen totes les ciutats romanes, el decumanus maximus (est-oest) i el cardo maximus (nord-sud). En l’encreuament d’aquests dos carrers es construïa el fòrum de la colònia, i al seu final s’obrien les portes de la ciutat. Finalment els camps eren dividits en quadrats (centuriae) i assignats als colonitzadors, reservant-se una part per la comunitat.

La darrera de les cerimònies que es realitzaven en la fundació d’una colònia era la consacratio, realitzada pel pontífex (sacerdot romà), que feia les ofrenes als déus i les pregaries i sacrificis habituals en tot el procés religiós romà.


diumenge, 8 de març del 2015

LOS DERROTADOS POR ROMA - ANASTASSIA ESPINEL


Conocimos a Anastassia Espinel a través de un relato que nos hizo llegar a Arraona Romana, y desde el primer momento nos dejó cautivados con su excelente prosa y la originalidad de la historia que nos relataba, y sin duda alguna publicamos su escrito. Por ello, cuando más adelante nos envió los cuentos que ahora hemos publicado bajo el sugestivo titulo Los derrotados por Roma, no dudamos ni un momento que su trabajo tenía que ver la luz pública. Por tanto, y lo reconocemos sin rubor, este comentario que hacemos es absolutamente partidista, y lo realizamos totalmente entregados a su obra.

La belleza de sus cuentos es conmovedora, y tras cada una de ellos descubrimos a una escritora de gran sensibilidad, que sufre por las vicisitudes que han de vivir sus personajes: las victimas del más grande de los imperios, el Imperio Romano, fundamento de nuestra civilización occidental.

Fue Roma una sociedad civilizadora, que nos ha dejado el idioma que hablamos, el derecho que nos rige, grandes y bellas obras públicas, el urbanismo, la arquitectura, y hasta la filosofía, que si bien griega de origen, ha llegado a nosotros a través de Roma. Y hasta el Cristianismo, una de las principales religiones actuales nació en el seno del Imperio, se desarrollo y acabo sustituyéndolo. Pero también fue una sociedad violenta y cruel, que dejó tras de si muchas victimas que la historia olvidó enseguida, y que Anastassia Espinel ha rescatado para nosotros para darles vida y voz. Seguro que se lo agradecerán.

Pues este es el tema central de todas y cada una de las historias que nos cuenta, explicarnos como vivían y como se sentían, sus penas y alegrías, en fin las esperanzas de todos aquellos hombres y mujeres que habían sucumbido a la fuerza de la maquinaria de guerra romana, y para los cuales el concepto de “romanización” quizás fuese muy distinto del que hoy todos admiramos.

Anastassia Espinel
Quizás los orígenes de la autora, historiadora Rusa afincada en Colombia, es decir, nacida más allá del Rin, aquella frontera que las legiones romanas jamás pudieron traspasar, han influido en la percepción de sus personajes, al tiempo que demuestra un gran amor por la civilización Romana.

No es el primer libro que escribe sobre Roma, y también vale la pena destacar “Velox, el perro legionario” donde nos da también su versión particular de la derrota de las legiones de Varo en el bosque de Teutoburgo.

La edición de este libro de cuentos ha sido posible por la colaboración entre la editorial Dstoria edicions y la Associació cultural Arraona Romana.

Resumen del libro:

En estos cuentos, Anastassia Espinel, da vida a la piedra de las antiguas edificaciones romanas y a todas estas figuras de legionarios victoriosos y bárbaros derrotados que nos miran desde los frescos y bajorrelieves destinados a glorificar la grandeza de Roma, a través de los siglos. Con objetividad, trata de reconstruir el ambiente de la época y nos revela todo el dolor que debieron sentir los pueblos aplastados y humillados por Roma, dispersos en su inmenso territorio que se extendía desde los sombríos bosques de Germania hasta las arenas del Sahara y desde las costas del Océano Atlántico hasta las orillas del Éufrates. Cada uno de estos pueblos tenía su propia historia, costumbres y tradiciones; no se parecían en nada salvo en el hecho de haber sufrido toda la fuerza aplastante y destructora de la grandiosa maquinaria militar romana.

El libro se puede adquirir en la librería La Llar del LLibre de Sabadell


Francesc Sánchez


dissabte, 2 d’agost del 2014

LOS EDIFICIOS DE GRAN ALTURA Y SU NORMATIVA EN EL MUNDO ROMANO. EL CASO DE CONSTANTINOPLA


Casa de Diana en Ostia

Xavier Laumain, 
Angela López, 
Francesc Sánchez *


Resumen:

El mundo romano vio desarrollarse una sociedad fuertemente urbana. El crecimiento de los núcleos de población, con Roma a su frente, exigía una organización de infraestructuras suficientes para responder a las necesidades de una población cada vez más numerosa. Con el desarrollo de la Urbs, su atractivo y su posición de centro del “mundo civilizado” provocó importantes migraciones que participaban a la cada vez mayor carencia de alojamiento. El espacio limitado del recinto de la ciudad generó la necesidad de buscar solventar la falta de suelo con la construcción en vertical, de edificios cada vez más altos. Para limitar los abusos, y los riesgos, el legislador romano tuvo la preocupación, de forma muy temprana, de tener en consideración estas condiciones. Esta evolución histórica, durante varios siglos, se vio recogida en la Legislación de Zenón, heredera de la experiencia anterior, aplicada al caso concreto de Constantinopla, la nueva ciudad de referencia del Imperio. El análisis de dicho código nos permite acercarnos tanto a la historia legal en el mundo romano en general, como a la situación de la capital de Imperio de Oriente en particular.

1.    Introducción

La sociedad romana se caracteriza por ser eminentemente urbana. En sus aglomeraciones trasciende la relevancia de la planificación y del orden. A su vez, aparece claramente en ella la importancia de los espacios públicos, la preocupación por las infraestructuras – redes públicas de abastecimiento de agua, de desagüe, red de carreteras, pavimentación de calles, etc. – y los servicios públicos – termas, teatros y anfiteatros, bibliotecas, etc. –, demostrando la profunda voluntad de generar espacios comunes de vida, de agruparse en comunidades estructuradas tanto a nivel social como urbanístico. Si bien existían edificios diseminados en el territorio, esto solían responder a necesidades concretas, vinculadas con grandes propiedades agrícolas, vías de comunicación o espacios religiosos.

Este convencimiento de la urbanidad como signo de desarrollo, demostrado a través de sus realizaciones, se confirma en la actitud despreciativa que tienen los Romanos frente a otros pueblos que viven de forma “primitiva”, considerándoles como bárbaros, como puede ser el caso de los Germanos (1), o de los Galos. Sus aldeas, generalmente de pequeño tamaño y aisladas, estaban constituidas de construcciones de tipo cabaña, como lo que se conoció en tiempos remotos (2).

Si bien la organización de las ciudades, independientemente de su tamaño, era estricta y densa, existen casos paradigmáticos del carácter urbano de los romanos, como pueden ser Constantinopla o la misma Roma. Esta última llegó a contar con un millón de almas. Durante toda su historia, la demanda constante de vivienda, debido al atractivo de la Urbs por su carácter de centro del mundo romano, proporcionó una situación de tensión urbanística (3), cuyos efectos se recogen de forma insistente en lo textos clásicos (4).

 Esta necesidad de dar cobijo a una multitud cada vez mayor de habitantes generó a su vez un fenómeno de especulación inmobiliaria sin precedente. La actividad en torno a la compra de solares o edificios, con el fin de construir nuevos inmuebles y sacar un aprovechamiento económico óptimo de la operación, propició la construcción de edificios cada vez más altos, destinados al alquiler de cenaculae (5) o de domus. Dichos inmuebles se solían construir de forma rápida y barata, conllevando una mediocre calidad de ejecución – junto con un descuido del mantenimiento por parte de los propietarios (6) – y por consecuente grandes riesgos de derrumbes o incendios.

Paradójicamente, debemos alejarnos de la visión que nos pueden transmitir erróneamente estas condiciones, y admitir que estos inmuebles no sólo eran para gente pobre o humilde. De hecho, los más pobres no podían tener acceso a estas viviendas, cuyos precios requerían a menudo tener ingresos mínimos de los que gran parte de la población no disponía. Los más desafortunados no podían ni siquiera acceder a apartamentos, aunque fuesen insalubres. Tampoco el valor de los pisos era homogéneo.  Así, en un mismo edificio, era normal que se  superpusieran – en el sentido literal de la palabra – distintas capas sociales, cada vez más humildes conforme se subía en altura, quedando el espacio de la cambra para los inquilinos más pobres.

Si nos fijamos pues en los textos clásicos, en la bibliografía científica contemporánea, y en testimonios como la Forma Vrbis Romae, no cabe duda de que Roma fuese una ciudad densamente edificada y poblada, donde existía una carrera hacia las alturas por falta de espacio y necesidad de alojamiento, urbanismo vertical que a su vez generaba numerosos peligros. Por esta razón, los Romanos tuvieron que legislar, ya de forma temprana, sobre la forma de construcción, la altura edificable máxima y las servidumbres que debían afectar a los edificios, con tal de garantizar seguridad para los habitantes y viabilidad urbanística. (+)

Este artículo ha sido publicado íntegramete en el blog de Arraona Romana.

(*) Comunicación presentada en el mes de octubre de 2013 el International Istanbul Historical Peninsula Symposium

dissabte, 14 de juny del 2014

NADA MÁS HISTÓRICO QUE EL IMPERIO ROMANO

Fuente: Anatomía de la Historia

El periodo histórico más importante de la Historia es para la mayoría de los autores de Anatomía el transcurrido durante el Imperio romano de Occidente, que se prolongó entre el año 27 a.C. y el 476.

A continuación, te presentamos los motivos que a algunos de ellos les han impulsado a considerar aquellos tiempos la época histórica más significativa o transcendental.

Alma Leonor López

Sólo hay dos cosas que un padre puede dejar a sus hijos. Una es raíces y la otra, alas. Siguiendo este adagio norteamericano, y como si de un pater familia se tratase, el Imperio romano nos legó a la Historia raíces abonadas que perduran hoy en el derecho, la ingeniería, el calendario, la historia militar, las artes, la organización administrativa, la difusión del cristianismo… y sobre todo en el latín, la lengua por excelencia de cuya vulgarización derivaron muchas de las hoy habladas.
Pero también nos proporcionó alas. Sucesor de una República que a su vez derivó de un reino, el Imperio romano nos enseñó que es posible encontrar fórmulas de convivencia que sobrepasen la conquista o la anexión: pactos de hospitalidad (hospitum), ciudadanía,  tetrarquías y hasta la división de su propio territorio para garantizar su pervivencia. Todos somos en gran parte “romanos”… aprovechémoslo.

David Barreras y Cristina Durán

Nuestra actual civilización occidental desciende directamente de los estados que surgieron durante el desmembramiento progresivo del Imperio romano. Pero estos nuevos reinos germánicos no ocuparon sin más las antiguas tierras que pertenecían a los romanos desplazando o sustituyendo para ello a su población. Es más, ni tan siquiera acabaron completamente con sus estructuras estatales y de gobierno, ni pusieron definitivamente fin a su cultura o su lengua. Más bien dichas entidades territoriales fueron en realidad producto de la fusión entre las civilizaciones germánica y romana.
En esta especie de mezcla sin duda que los cinco largos siglos de existencia del Imperio pesaron mucho a la hora de que Roma acabara legando al Occidente medieval elementos tan importantes como el idioma (bajo la forma de las lenguas romance), la religión católica o incluso buena parte de sus leyes, recogidas en el derecho romano.
Otra importante herencia romana, de la que no solemos hacernos demasiado eco, sería también el régimen señorial, es decir, el sistema de explotación de la tierra que permitió prescindir de la esclavitud como principal mano de obra. Esto hizo posible aumentar los rendimientos de las cosechas, lo que produjo la aparición de excedentes agrarios, ello a su vez estimularía el comercio, aumento de la actividad mercantil que estimuló la circulación de moneda y en general la economía. Ello fue el motor para provocar el despegue de Europa occidental hacia el año mil, clave a la hora de que sus estados acabaran encumbrados como potencias hegemónicas a nivel mundial.

Ernest Bendriss

Roma fascina y seguirá fascinando a futuras generaciones.

Su impronta en mí bien podría parecerse a esta peculiar temporalidad de la semántica heideggerania (Zeitlicheit), una singular osmosis de pasado, presente y futuro inherente a un mundo propio… alejado de la homogeneidad y de la sucesión del tiempo objetivo…

En sus Historias, Polibio comenta: “La causa determinante del éxito o el fracaso de un Estado es su forma de gobierno. Esta es la fuente de todas las ideas y de todos los actos que dan origen a sus empresas, y está es la que determina su fin”. Polibio vaticinó el eclipse final de Roma tras la tercera Guerra Púnica… En su teoría de la anaciclosis considera los régimenes políticos a modo de seis ciclos degenerativos, de fatal y esperpéntica gradación descendente, que abarcan desde la monarquía a la demagogía. Y vuelta a empezar…

En sus categorias de las  modalidades del acontecer histórico, Kant, por su parte, establece tres categorías esenciales: lo real, lo posible y lo necesario. No dejo pues de preguntarme:
-¿Qué fue real en el Imperio Romano?

-¿Cómo fue posible su extensión y su durabilidad?

-¿Qué fue lo necesario respecto a la manifestación de su dimensión temporal e histórica, si consideramos también la Historia dentro de una problemática metafísica?

Javier Andreu Pintado

Mucho se habla, desde hace algunos años, de globalización y, a su vez, de respeto a las identidades individuales en los procesos políticos que van unidos al desarrollo de los fenómenos globalizadores como el que está caracterizando los dos últimos siglos de Historia.

Si hubo un periodo en que, de verdad, una potencia –Roma– fue capaz de unificar culturalmente un vasto espacio geográfico –todo el Mediterráneo– concediendo, sin embargo, notable libertad y autonomía a sus antiguos pobladores y respetando, a través de una tupida red de ciudades, las identidades locales, ése fue el Imperio romano de Occidente.

Roma combinó como nadie el centralismo, el poder central, con la individualidad, con la autonomía municipal; fue capaz de difundir un modo de vida común que –con el posterior tamiz cristiano– sentó las bases del pensamiento y de la cultura occidentales; y, además, lo hizo empleando la organización del territorio, la vertebración del espacio y la urbanización y aculturación como valores básicos.

Es, sin duda, un periodo que debe contemplarse como modelo y ejemplo de muchas buenas prácticas relacionadas con la gestión de la diversidad y con la generación de cohesión social y cultural.

 Jorge Pisa Sánchez

El Imperio romano es un período que, además de hacer volar la imaginación interpretativa de los historiadores que se enfrentan a su estudio, es una etapa de la historia en la que, de una manera u otra, se le dio forma a la Europa que la siguió.

Con Roma (y Grecia) se establecieron las bases políticas, culturales y sociales del mundo occidental en el que vivimos nosotros. Pero además el periodo de dominación romana posee, al menos para mí, un plus de fascinación que resulta de su distancia en el tiempo, de lo moderno, a pesar de lo antiguo, que nos parece a veces y por ser la cuna de muchos de los grandes personajes y episodios de la historia.

Manuel Jesús Prieto

El Imperio romano abrazó todo el Mediterráneo, y más allá, y de aquel abrazo aún no hemos podido deshacernos del todo. Y posiblemente no sería inteligente hacerlo. De aquel imperio quedan trazas en nuestra lengua, en nuestra alimentación, en nuestras costumbres… y eso lo hace especial a mis ojos.

Pero no es sólo ese aspecto de permanencia lo que hacer del Imperio romano un punto clave en nuestra historia. Resulta que también fue una época que por sus personajes, sus luchas, sus construcciones, su política… parece hecha precisamente para conocerla. Para ser contada y disfrutar con ella.

Montserrat Martín Blanco

Hay algunos hechos históricos que sobrepasan las fronteras naturales o artificiales de nuestros países, para convertirse en hitos de la Humanidad. En mi opinión, el desarrollo, durante quince siglos, del Imperio romano, constituye uno de esos momentos claves que va más allá, incluso, de nuestro continente europeo.

Somos, en el fondo, ciudadanos romanos: herederos del idioma que fue extendido por las legiones romanas por unos seis millones de kilómetros cuadrados, hijos de su Derecho y sistema de leyes, admiradores de miles de monumentos que rozan la eternidad entre las gradas de anfiteatros y teatros, inconscientemente deudores de un sistema constructivo que ya conoció el cemento, las grúas o los andamios, o de una concepción religiosa que fue desarrollándose y evolucionando al paso de las necesidades de salvación personal de los individuos, desde un politeísmo sincrético de helenos, asiáticos y etruscos, hasta un cristianismo que unificó espiritual y culturalmente a toda Europa.

La Europa medieval no se habría entendido sin el paso lento, pero firme, de la sociedad romana, unificada imperialmente bajo la seguridad de ser cives romanorum: un signo distintivo y honroso que les diferenciaba de los bárbaros del norte –unos que, cinco siglos después, asumirían el mundo romano tras invadir la parte occidental…

Fuente: artículo extraido de Anatomía de la Historia

diumenge, 5 de gener del 2014

LOS ARCOS DEL AGUA – MONTSE BARDERI


Tengo el placer de conocer a Montse Barderi, es de mi ciudad, Sabadell, y como no, al saber que había escrito una novela histórica sobre Roma, Los arcos del agua, no espere ni un momento en leerla sin saber muy bien lo que me esperaba, ya que era su primera novela de este género, y esto de escribir y llegar al lector siempre es difícil. Me había comentado la propia autora, filósofa ella, que había escrito sobre filosofía, pero nunca sobre novela histórica y además un thriller.

El libro, una vez lo empecé, ya no lo pude dejar y lo leí seguido y, la verdad, quede muy impresionado de su capacidad narrativa y supe enseguida que me encontraba ante una novela diferente de las que estaba acostumbrado a leer, ni mejor ni peor en este sentido, pero si diferente.

La novela es realmente buena y de un gran nivel, tratándose además de su primera obra de este género.

Lo primero que puedo decir es que es un libro culto, donde se habla de filosofía –se nota la formación de la autora- pero de una forma absolutamente amena y accesible a todos los públicos y los conceptos que expone siempre se encuentran perfectamente integrados en el contexto de la historia que relata; no hay ninguna clase de pedantería, lo que es de agradecer.

Es una novela que gustará a todos aquellos entusiastas de la ingeniería y el urbanismo romano –entre los que me cuento- ya que la descripción de los trabajos de construcción de un acueducto, tema central de la novela, son muy detallados y se puede comprobar que Montse Barderi se ha documentado bien. En los agradecimientos habla de Isaac Moreno y esto es una garantía que recurrió a las mejores fuentes posibles.
Foto: Glo Ribas

La relación entre los personajes es muy intelectual, sus conversaciones tienen una gran profundidad, y hay una historia de amor que trasciende en mucho a la parte física, gustará por su exquisita sensibilidad y buen gusto.

Bueno, y también hay un thriller, una historia de aventuras, bien desarrollada y resulta.

Y un gran protagonista de la historia, el extraordinario acueducto de Segovia.

Atreverse con todos estos elementos en la primera novela, y salirse airosa demuestra su gran nivel como autora, y que seguro a partir de ahora dará mucho que hablar.

Francesc Sánchez

diumenge, 15 de desembre del 2013

BARCINO



Vull presentar-vos aquest nou projecte que he iniciat per aprofundir en el coneixement de la història i l'arqueologia de la Colònia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino.

El bloc es diu BARCINO i el podeu veure punxant aquí.


diumenge, 17 de novembre del 2013

CONSPIRACIÓ A TÀRRACO - JORDI SOLÉ


Vaig conèixer al Jordi Solé, l’any 2010, quan va demanar a l’Associació Arraona Romana, la seva col·laboració per realitzar la presentació a Sabadell de la seva novel·la Hijo de Dioses. Amb aquest motiu vaig llegir el llibre i ja vaig poder comprovar que em trobava davant d’un magnífic i versàtil escriptor, amb una gran capacitat per explicar històries d’aventures, intenses i que t’atrapen des del primer moment. A més a més va escollir un personatge Cesarió, el malaurat fill de Juli Cèsar i la reina Cleòpatre d'Egipte, i que va desaparèixer molt aviat de la història real. Però Jordi Solé li va tornar a donar vida i amb ell de protagonista va iniciar una saga d’aventures, que va seguir amb La Isla de las Brumas, i que a continuat amb aquest tercer llibre Conspiració a Tàrraco, del qual a més vaig tenir l’oportunitat de poder llegir el manuscrit.

Considero, després haver llegit tota la seva obra, que Jordi Solé ha anat creixent com escriptor i això ho acredita el Premi Nèstor Luján de Novel·la Històrica 2013 que li ha estat merescudament concedit per aquesta obra.

L’he tornat a llegir i la veritat ha estat que, tot i coneixent el seu contingut, la seva trama m’ha tornat a enganxar i no m’ha durat ni 24 hores, tal és el ritme que li imprimeix a l’historia i la constant i trepidant sèrie d’aventures per les que fa passar al nostre heroi, amb un desenllaç sorprenen i que demostra la qualitat narrativa de l’autor.

El llibre està molt ben documentat i et transporta, tal com ha de fer una bona novel·la històrica, als temps d’August –ara que celebrem els 2000 anys de la seva mort- i a la sempre estimada ciutat de Tàrraco, en el moment que va ser, pel període de dos anys (26 25 a.C) capital de l’Imperi més gran que ha existit i bressol de la nostra civilització. I ja només faltava que les aventures de Cesarió comencessin a la nostra ciutat, l’antiga Arragonem, i a la mansio que molts voldríem identificar amb la vil·la romana de la Salut.


La història és absolutament creïble gracies al magnífic i exhaustiu estudi, no solament dels gran esdeveniments de la història de Roma (efectivament August va estar a Tàrraco per acabar amb les guerres càntabres), sinó també pel tractament i retrat que fa de la vida quotidiana de les gents d’aquella època, en definitiva, dels nostres avantpassats.

Per tant ens trobem davant una novel·la molt ben escrita, d’aventures constants, de poder i venjances, amb gladiadors i uns quants morts com ja ens té acostumats l’autor; i una història d’amor tractada amb gran delicadesa, i com he dit un final que a ningú deixarà indiferent.

Què més podem demanar !!!

Francesc Sánchez.




diumenge, 18 d’agost del 2013

LA MUCHACHA DE CATULO - ISABEL BARCELÓ CHICO



La historia de la humanidad, y la de Roma en especial, ha sido una historia de hombres, desarrollada y contada por hombres, y donde la mujer ha tenido siempre un papel secundario, centrado normalmente en sus funciones de esposa y madre al cuidado del hogar, y en muy pocas ocasiones ha sido protagonista, y no siempre con los mejores papeles, y sólo faltó la llegada del cristianismo, que demonizó a la mujer, causante de todos los pecados de la “carne” –como si el hombre no participase- y por eso había que taparla, apartarla, y a ser posible esconderla. La lucha de la mujer por su emancipación está siendo larga y dura y hoy en día en muy pocas sociedades, occidentales normalmente, empiezan a tener el papel que se merecen, aunque en otras siguen estando al margen de la historia.

Cuando descubrí hace tiempo ya, el blog de Isabel Barceló, “mujeres de roma”, ya pude comprobar que, junto a su amor por Roma, también se dedicaba a reivindicar a la mujer, en mayúsculas.

Ahora nos regala una nueva novela, La muchacha de Catulo, que es una pequeña joya literaria, en la que nos explica dos historias paralelas, la de Clodia, una mujer que lucha por su propia dignidad, y la de un desamor, la del poeta Catulo, que en sus peores momentos no deja de actuar como hombre, en el sentido más negativo de la palabra.

La protagonista Clodia, hermana del político populista Publio Clodio Pulcher, que en otras novelas se la dibuja como una mujer perversa, Isabel  Barceló, la saca a la luz y le da su dimensión real: una mujer libre de espíritu y que no quiere verse sometida a las limitaciones que la sociedad de su época le imponían.

Clodia, hoy en día, al menos en nuestra sociedad occidental, seria una chica normal, con su libertad y  sus amores y fracasos y a quién poca gente criticaría por sus actos, pero nació en la época equivocada, donde la mujer debía ser sumisa o, lo máximo, imponer sus ideas desde su casa o su alcoba, pero sin ocupar nunca la primera fila, siempre destinada a los hombres.

El libro destila una sensibilidad que sólo su autora puede dar, es una historia que cuando la empiezas no la puedes dejar de leer, se lee de corrido, y ya aviso que quieras o no tomas partido enseguida por la “muchacha”.


La autora mezcla de una forma muy afortunada y consistente, hechos históricos y ficción, de tal forma que es capaz de introducirte en la piscología de los personajes, y consigue hacerte sufrir y llorar con ellos, porqué hasta el propio Catulo, no deja de ser hijo de su época.

Bueno, no soy crítico y tampoco creo en ellos, pero pienso que la literatura, como cualquier obra de arte, gusta o no, y La muchacha de Catulo me ha gustado y me lo he pasado bien.

Una novela, pues, absolutamente recomendable y que a buen seguro, a cualquier espíritu abierto le hará meditar sobre la situación de la mujer, antes y ahora.

Feliz lectura.

dissabte, 6 d’abril del 2013

POMPEYA - MARY BEARD

SINOPSIS

Mary Beard, autora de El triunfo romano y una de las mayores autoridades en el estudio de la antigua Roma, nos cuenta una nueva y distinta historia de Pompeya, la ciudad destruida en el año 79 de nuestra era por una erupción del Vesubio. Su libro tiene una doble finalidad. En primer lugar, la de reconstruir lo que fue la vida en Pompeya: los trabajos cotidianos de sus habitantes, el gobierno de la ciudad, los placeres del cuerpo (comida, vino, sexo y baños), las diversiones y los juegos, la religión...

Pero también, en segundo lugar, la de combatir los mitos que se han acumulado sobre su historia, comenzando por la dudosa higiene de los baños o el legendario número de burdeles y acabando por la realidad de la catástrofe, de la que nos ofrece una visión muy distinta a la de la leyenda.

Mary Beard consigue todo esto en un texto fascinante, que da vida a los más inesperados hallazgos y a lo poco que sabemos de sus habitantes: la sacerdotisa Eumachia; Publio Casca, uno de los asesinos de César; los gladiadores, ídolos de las jovencitas pompeyanas...

 Crítica del libro publicada en HISLIBRIS