dissabte, 1 de novembre de 2008

EL MOSAICO ROMANO



Dedicado especialmente a mis amigas Livilla y Valeria

El mosaico era una de las formas de decoración más apreciadas entre las clases aristocráticas del mundo antiguo. Conocido bajo dos formas, el mosaico mural y el mosaico pavimental, esta técnica, formada por la yuxtaposición de teselas de piedra, mármol o pasta vítrea, se ha utilizado ampliamente en Hispania durante la época romana.
Los principales tipos de mosaicos romanos eran el opus signinum que se obtenía con los desechos un polvo coloreado que al mezclarlo con la cal daba un cemento rojizo muy duro e impermeable; el opus sectile, donde se usaban placas de mármol de diferentes tamaños y colores para componer las figuras; el opus tessellatum que era la forma de construir mosaicos por excelencia mediante pequeñas piezas cúbicas llamadas teselas; el opus vermiculatum formado por piedras muy pequeñitas, con las que el artista podía dibujar con bastante precisión los objetos y las líneas; y finalmente el opus musivum que eran los mosaicos que se hacían para los muros.
Sin embargo, en este artículo me interesa destacar la técnica de construcción y los artesanos que la hicieron posible:
Técnica de ejecución:
Para la ejecución de un mosaico se seguían cinco fases:
1.- Statumen, se correspondía con la capa inferior y estaba formada por gruesas piedras ligadas con mortero de cal.
2.- Rudus, era la siguiente capa formada por mortero grueso.
3.- Nucleus, formado por cerámica triturada y cal.
4.- Capa de cal. Sobre el nucleus se disponía de una fina capa de cal sobre la cual se colocaban las teselas.
5.- Las teselas, pequeñas piezas hábilmente cortadas de diversos materiales como mármol, piedras semipreciosas, pasta vítrea, esmalte, cerámica, pan de oro….
El instrumental que utilizaban era muy simple: una pequeña maza y un taco de madera con una cuchilla metálica incrustada que servia para tallar la piedra.

El proceso era muy especializado, así como los artesanos que intervenían:
1.- Primero se realizaba un diseño previo a tamaño natural paradigma dibujado sobre un cartón.
2.- En base a este diseño se marcaba sobre el espacio donde se debía ejecutar, a esta operación se llamaba sinopia.
3.- Finalmente se colocaban las teselas para lo cual habían dos técnicas, la primera era su colocación directa, tesela a tesela, y la segunda mediante su colocación sobre un papiro a material similar, de forma invertida a como irían finalmente, y una vez realizada la parte del dibujo correspondiente se colocaba sobre la capa de mortero, se presionaba, y se retiraba el papiro.
4.- La parte más difícil del mosaico y que ocupaba el centro del mismo era la emblemata, que solía realizar el maestro del taller normalmente en opus verniculatum.
Artesanos:
A pesar de las maravillas en mosaicos que nos han sido legadas, los artesanos que se dedicaban a ellas no eran excesivamente bien considerados. En cualquier caso era una profesión colegiada y muy especializada donde cada parte del proceso tenía su propio artesano.
Así bajo la dirección de un maestro de taller, máximo responsable, se encontraba el structor pavimentarius, responsable de preparar las dos primeras capas del mosaico, el statumen y el rudus; a continuación tenemos al pictor imaginarius que era el artista que diseñaba el mosaico; el musaerius era el ayudante más directo que controlaba la marcha diaria de la obra; el siguiente paso lo realizaba el calcis doctor que era el operario que preparaba la cal; una vez preparado el suelo el pictor parietarias era el encargado de pasar el diseño realizado directamente al suelo o a la pared; siguiendo el proceso tenemos al lapidarius que cortaba las teselas; y finalmente el tessellator que realizaba el mosaico, colocando las teselas siguiendo el dibujo marcado.
Los artesanos estaban agrupados en collegia y su diosa tutelar era Minerva.

Los mosaicos eran nuestras alfombras, y como hacemos con estas, los romanos aristocráticos cambiaban a menudo de mosaico para demostrar su riqueza lo que nos lleva a pensar cuantas obras extraordinarias se perdieron sustituidas por nuevas maravillas, muchas de las cuales, afortunadamente, han llegado hasta nosotros.


Por cierto y dirigido a cualquier lector que visite yacimientos romanos: los encuentre en el estado que sea, nunca se lleve con él ninguna pieza de las que pueda hallar desperdigadas ya que, aparte de ser un expolio, está haciendo un nefasto favor a la arqueología y al patrimonio.